/ Capítulo 06

Historias de tomeros: a caballo, en bici y en moto para repartir el agua

Tres generaciones de una familia llevaron y llevan adelante este oficio clave para el riego en todo el Alto Valle. Cómo cambió el trabajo desde el abuelo a su nieto.

Pedro

Se terminaba 1961 y la familia de Pedro Antonio San Martín partió desde Luis Beltrán hacia Covunco, en Neuquén. Pedro era albañil y trabajaba en Agua y Energía. A Pedro y Margarita Muñoz, con quien tenía ocho hijos, los impulsaba un cambio de vida, la búsqueda de un futuro mejor.

En Roca el viaje se detuvo abruptamente: la persona a la que iba a reemplazar Pedro en el paraje neuquino se había arrepentido. En medio de la incertidumbre recibió otra oferta de la empresa estatal: ser tomero en la zona de Guerrico, con una casa incluida a metros del canal principal de riego. No sabía el oficio pero la oferta lo sedujo. Sería un nuevo comienzo. Y el lugar elegido finalmente sería el hogar de tres generaciones de la familia.

Pedro, Margarita y sus nueve hijos (nació otro en Roca) habitaron la casa en la que hoy vive Facundo, su nieto, y donde también estuvo por más de dos décadas Rubén, su hijo mayor. Todos unidos por la pasión por los canales de riego.

“Nosotros llegamos acá a finales del ‘61. Yo tenía doce o trece años. Era el mayor de nueve hermanos. Este sauce (dice Rubén y mira pensativo el árbol bajo cuya sombra descansa una mesa de cientos de reuniones familiares) ya estaba”. “La casa también es la misma. Esto era todo campo”, rememora el hombre de 70 años, ahora extomero, que muestra energía y ganas de seguir trabajando pese a la jubilación.

La casa

La casa está ubicada estratégicamente, rodeada de árboles y con el murmullo de un canal secundario que se vuelve a dividir en una zona de compuertas negras. Es una lonja de tierra entre el canal principal y la ruta 65. Allí se vivieron cientos de historias de la familia San Martín.

Desde el canal secundario o abductor entre Allen y Roca (en Guerrico), donde ahora vive Facundo, se envía agua para chacareros de J.J. Gómez, Chacra Monte y parte de Paso Córdoba. Otro canal abductor en Gómez cubre el resto del ejido productivo de Roca.

“Mi padre hacía el recorrido a caballo”, recuerda Rubén, mientras Facundo acomoda el gancho, esa herramienta fundamental de la profesión, en la moto que le provee el Consorcio de Riego de Roca.

En ella recorre una y otra vez los aproximadamente 50 kilómetros de canales que debe vigilar diariamente. Por día suma entre 80 y 100. Su disposición en la temporada de riego es casi total. Siempre tiene que estar atento que no les falte el agua a los chacareros que tienen su turno. Y más de una vez debe tener muñeca para mediar entre chacareros enfrentados por este vital recurso productivo.

Otro momento complicado de cada temporada frutícola es la época de heladas, y allí aparecen los cortocircuitos entre el tomero y los productores. “Porque el chacarero quiere tener el agua lo más que se pueda. Ahí está el trabajo del tomero”, remarcan padre e hijo.

Rubén

“Cuando éramos adolescentes -recuerda Rubén-, empezamos a acompañarlo (a Pedro, su padre) durante sus recorridos. A ayudarle cuando llegaban las boletas del agua y repartirlas, porque él no sabía leer”.

De esa forma Rubén fue conociendo la zona y a los chacareros. “Cuando mi viejo se jubiló se me hizo más fácil que a él (el trabajo de tomero). Anduvimos juntos una semana o diez días y a partir de ahí arranqué solo”.

“Yo no sabía si iba a ser tomero. Me casé -con Irma Nélida- y me había ido de la casa. Pero llegó el momento en que mi viejo debía jubilarse”, cuenta Rubén. “Había otro hermano acá con mi viejo pero no quiso el trabajo. Antes era tradición - aclara Rubén-que el puesto pasara de un familiar a otro en las empresas del Estado como Agua y Energía. Me fue a ver y me dijo si quería trabajar de tomero y le dije que sí (en esos años estaba trabajando en una chacra)”. “No me arrepiento de aquella decisión. Es más, volvería a trabajar”, afirma el extomero con una evidente nostalgia.

Rubén entró a trabajar en 1981, cuando se jubiló Pedro, que estuvo 20 años de tomero. Hasta el 2013 fue su turno: 32 años, diez de ellos cuando todavía el trabajo lo realizaba para Agua y Energía.

“Mi padre hacía el recorrido a caballo y mi hijo en moto. Yo estuve diez años haciendo el trabajo en bicicleta. Mi viejo tenía el caballo y tenía la bicicleta. Después de diez años de usar la bici el consorcio me compró una motito, aunque a mí me gustaba andar en bicicleta”, recuerda San Martín.

Facundo

Facundo escucha a su padre e interviene con una aclaración: “A mí la moto me resulta más práctica. Porque tengo casi el doble de recorrido de lo que hacía él (por Rubén). Como fueron disminuyendo los tomeros, se agrandó la zona de cada uno. Sí o sí necesito una moto”. Y a la hora de describir su jurisdicción, explica: “Mi zona son tres canales: arranco en Guerrico y llego hasta Gómez. Son 50 km de recorrido. Tenemos que ver que el agua esté en cada compuerta, como tiene que ser. Ahora las banquinas están más limpias, se puede andar en moto. En otras épocas no se podía. Cuando estaba mi abuelo , en algunos lugares era todo bosque”, describe el joven.

El trabajo

Facundo afirma que cuando sale a hacer su recorrido, sobre lo que más presta atención es el nivel del agua. “Arrancamos acá con un nivel del agua (en la toma principal) y hay que ver cómo termina allá, en la cola del canal. Cuando no tenemos ese nivel, hay un problema”. Los días más complicados son los que tienen mucho viento, porque las ramas bloquean el paso del agua.

Para Facundo, es como una tradición ser tomero en la familia. “Me tenía que quedar acá, ya había nacido y me había criado acá. Sabía mirar las alturas de los canales, que era lo principal. Los ingenieros con los que trabajaba mi papá me conocían desde chiquito. No podía ser otra cosa que tomero.....”, afirma con una sonrisa.

“A mí me encanta el trabajo hasta el día de hoy. Este oficio de tomero que no teníamos idea qué era. Tengo buenos recuerdos de los chacareros y regantes. Una convivencia muy linda más allá de alguna discusión por el agua. Porque siempre se pelea por el tema del agua. Es una discusión. En la época del verano se pone muy complicado”, señala ahora Rubén.

“El tomero en mi época no tenía horario ni días, tenía que estar las 24 horas al servicio del productor”, remarca San Martín padre.

Rubén remata: “Esto es mi vida. Los mejores momentos de mi vida los pasé acá (Y mira la casa donde ahora vive su hijo) Este trabajo me dejó muchos recuerdos y buenos conocidos, buenos chacareros. Hoy si tuviera que hacerlo lo volvería a hacer”.


La basura en los canales, un problema cada vez mayor

Las tareas de los tomeros, además de repartir el riego, implican limpiar las compuertas para que el agua fluya sin problemas hacia las chacras.

Pero con el paso de los años la tarea se complicó con la cantidad de basura que termina obstruyendo las compuertas.

“Los canales que pasan por un barrio son un basural ambulante, porque tiran la basura y la tenemos que sacar nosotros. Cada vez tiran más basura. La gente no sabe el valor que tiene el agua”, afirman, casi a coro, Rubén y Facundo San Martín, padre e hijo tomeros.

Para Rubén lo que corre por los canales es “oro” y las nuevas generaciones no lo valoran.

“Encontrás pañales, animales muertos, desechos cloacales”, señala Facundo. “La gente no entiende. Se perdió la educación”, remarca su padre.

Y la violencia es otro factor del que deben cuidarse. Facundo explica que rehuye de los lugares donde hay bañistas, por temos a las agresiones. “Si hay gente bañándose, yo voy después”, aclara.

“El Valle se está muriendo”

“Te da pena”, señala Rubén, mientras mira a su alrededor. Los loteos y las chacras abandonadas son las causas que señalan para que cada vez haya menos hectáreas dedicadas a la producción en el Alto Valle.

Facundo plantea otro problema que enfrenta la actividad frutícola: “Tampoco hay mano de obra. Yo cuando tenía 15 años hacía trabajos, los chacareros me daban changas. Pero ahora nadie quiere agarrar la pala....”

El recuerdo del abuelo Pedro vuelve constantemente en las palabras de su hijo y su nieto. “Mi viejo me transmitió que en esta compuerta tiene que haber tantos litros...; que el regante es así o asá...; vos hacé lo que tengas que hacer”, le decía a Rubén.

“Siempre lo admiré a mi viejo por cómo aforaba las compuertas (cómo medía cuánta agua entraba) Ahora lo hacen por celular. Yo lo hacía mentalmente o a lápiz”, recordó el extomero.

“Mi papá me enseñó que no hay que pelearse con los regantes. Los chacareros nos conocen de toda la vida. Lo mismo que le pasó a él con su papá”, cierra Facundo, que arranca la moto y debe salir a hacer una de sus largas recorridas diarias.








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